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Desarrollo de la problemática a través de los siglos

Para entender un poco el porque de la trágica situación de los galgos en España, debemos remontarnos a tiempos pasados para tener una visión global del momento actual.

De la nobleza a la clase humilde

El galgo se cree que fue introducido en España por los árabes y que proviene del Sloughi del Norte de África, estos animales en sus países de origen eran prácticamente venerados, de manera que el Saluki, primo del galgo español sólo era poseído por los Jeques y era un gran honor que un Jeque hacía regalando un galgo a un invitado, de manera que conservando esta tradición al principio los galgos eran animales nobles y sólo las personas de la nobleza podían poseerlos. Estos animales se utilizaron en grandes cacerías pero de todos es conocida la picaresca española y las personas de origen humilde que cuidaban estos animales empezaban a hacerse con algunos animales, extendiéndose la cría del galgo de forma discriminada.

A partir de este momento el galgo dejaba de ser un animal noble y de nobles para convertirse en un animal asociado a los estratos más bajos de la sociedad española. A la vez que esto ocurre la clase nobiliaria fundamentalmente del sur de España empieza a importar galgos de Irlanda para darles la punta de velocidad que el galgo español no tiene, llegando a plantearse la creación incluso de una nueva raza anglo-española, curiosamente a estos animales se les llama galgos ingleses cuando nunca venían de Inglaterra y siempre lo hacían de Irlanda.

Nuevamente las personas que cuidaban estos animales que provenían de las clases bajas empiezan a cruzar sus propias perras con machos Irlandeses que tenían a su cuidado, extendiéndose el mestizaje entre el galgo español y el Greyhounds irlandés de forma bastante rápida. La sangre irlandesa le da al galgo velocidad y sin embargo la sangre española le da resistencia en la carrera, en la actualidad y dependiendo del lugar dónde se cace es mejor un galgo inglés que uno español o viceversa. Por ejemplo en los grandes cazaderos de Andalucía donde las liebres tienen buen tiempo y abundancia de comida durante todo el año se utiliza más el galgo irlandés ya que se prima la potencia porque las carreras suelen ser cortas. Sin embargo en Castilla-León y Castilla la Mancha donde las liebres son más duras y las carreras son mucho más largas tres o cuatro minutos se prima siempre el galgo español, debido a su resistencia en carrera.

Influencia económica y sus repercusiones

Al extenderse de forma indiscriminada a principios de siglo la cría del galgo entre las clases más humildes este animal se convierte en una ayuda inestimable para la despensa de su dueño, ya que en aquellos momentos se cazaba para comer y por lo tanto socialmente el tener un galgo que en esa casa se pasaba hambre y que se tenía el animal como fuente alternativa para proporcionar alimentos.

Esto hace que el dueño del galgo cuando este animal no servía para correr no le quedara otro remedio que sacrificarlo, ya que económicamente no tenía dinero para mantenerlo más tiempo que el estrictamente necesario. Los posibles métodos se sacrificio eran muy pocos, no tenían escopetas porque eso era de ricos por lo tanto la horca era el método más utilizado, es un medio indudablemente barato, de manera que la tradición de ahorcar galgos en España viene de tiempos inmemoriales, impuesta en principio por necesidades económicas y más adelante por puro sadismo.

En los tiempos de Franco en el que se produce una gran emigración del campo a la ciudad por motivos laborales, aquellos inmigrantes aficionados al mundo del galgo que no tienen lugares dónde desarrollar su afición empiezan a reunirse en lugares donde con unos pocos galgos hacen carreras, esto desembocará en canódromos importando la afición desde Inglaterra. A finales de los setenta había en España dieciséis canódromos, de los cuales sólo queda uno en la actualidad el de Meridiana en Barcelona, (durante 1999 Hemos asistido al cierre de dos de ellos uno en Palma de Mallorca y otro en Barcelona). Los galgos que servían es estos canódromos provenían en un 100% de Irlanda.

Al principio de los 80, en los que la situación económica en España mejora, muchas personas de la cuidad empiezan a tener segundas residencias en sus pueblos de origen y la propia gente del campo que había aumentado su poder adquisitivo empiezan a tener galgos por afición a la caza, pero siguen todavía respetándose antiguas tradiciones como es el ahorcar al galgo al finalizar la temporada de caza o versiones más modernas como abandonarles a su suerte en el campo o en centros de recogida de animales.

Siglo XXI

Esto nos lleva a la situación actual, en el año 2000 y en España la problemática del galgo es muy compleja, por un lado existe una cría abusiva y discriminada de galgos sin ningún tipo de control por parte de las autoridades, estos animales se crían en su mayor parte en granjas dónde no reciben el calor humano y en unas condiciones higiénicas bastante deplorables, no se les vacuna ni desparasita con regularidad y no tienen un valor más que como meros instrumentos para la caza, dado que criar galgos es muy sencillo, no hace falta más que tener un perro, una perra y un trozo de cobertizo sin ningún otro requisito, teniendo en cuenta que su alimentación ha estado constituida por pan duro y poco más, esto nos lleva a pensar que la cría de galgos es absolutamente gratuita y hace que los dueños no se molesten en conservar sus animales de un año para otro porque normalmente van a tener sangre fresca para la siguiente temporada de caza.

La media de edad de los galgos que se abandonan en España es de entre dos a tres años de forma sistemática al terminar la temporada de caza ( finales de enero), hasta nosotros suelen llegar bastantes machos y algunas hembras, a partir de abril o mayo lo que se recoge es fundamentalmente hembras, el por qué es muy sencillo, las hembras que no se abandonaron al principio han estado criando para las temporadas siguientes, sin embargo, los machos una vez realizada la monta no se conservan. Si un animal ha sido muy bueno cazando suele aguantar con los dueños más tiempo, fundamentalmente dedicado a la cría, pero a partir de los ocho años es raro encontrar un galgo que permanezca con sus dueños.

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